TITULO DEL CASO:
El cultivo de la coca en
Bolivia: simbolo de vida y muerte
AUTOR:
Raúl Delgado B.
(rdelgado@entelnet.bo)
Universidd Mayor de San Simón -
UMSS
PAIS: Bolivia
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1. El cristal con que se mira.
Usualmente los analistas de hechos que generan conflictos y violencia, de forma particular en la zona de montañas, recurren a la caracterización de una serie de factores de tipo instrumental, como las actitudes ineficaces del gobierno de turno, la incapacidad de los pobres para incorporarse al mundo moderno, los mecanismos inadecuados de las políticas de desarrollo, etc., para poder explicar la emergencia –cada vez más preocupante- de estos problemas de convulsión social.
Si intentamos un análisis despojándonos de los prejuicios que, el pensamiento científico moderno y los principios filosóficos que lo sustentan, han moldeado hasta ahora la forma de concebir el universo y la vida, podremos reconocer que se trata de un problema cuyas causas se remiten más al ámbito congnoscitivo que al instrumental, es decir que tiene que ver más con la forma de percibir la realidad, que con ordenamientos o ajustes que dentro de un mismo esquema se puedan establecer. Es la incapacidad del sistema de conocimiento hegemónico, para aceptar que pueden existir otras racionalidades interpretativas de un mundo complejo y multidimensional, la que en esencia ocasionaría enfrentamiento y conflicto.
Del mismo modo que los nuevos conceptos de la física cuántica promueven un profundo cambio en nuestra visión del mundo, determinando la necesidad de pasar de una concepción mecanisista cartesiana y newtoniana a una visión holística y ecológica, estos fenómenos que generan conflicto y violencia, no son más que facetas de una única crisis, que es esencialmente de percepción de una realidad que ya no puede comprenderse bajo una visión fragmentaria y estanca del conocimiento; de una visión que a decir de A. Touraine (1997,21) promueve una disociación entre el mundo simbólico de las culturas – valores y el mundo instrumental de las técnicas y la economía; una disociación entre la experiencia cotidiana del yo individual y la estructura del sistema social.
El histórico conflicto generado en Bolivia en torno al cultivo de la coca, manifiesta en el fondo estas causas; entre la percepción de un Estado que, sujeto a la visión economicista del mundo occidental moderno, no alcanza a comprender la complejidad del pensamiento histórico cultural andino, y la percepción de una población nativa que al no ser interpretada emerge con signos de violencia y enfrentamiento.
2. La coca en la visión holística del mundo andino: alimentación, medicina y ritualidad en las prácticas comunitarias tradicionales y modernas.
Como mencionamos, la hoja de coca es parte del consumo tradicional de la población andina desde tiempos inmemoriables, y su producción y consumo han cumplido siempre una diversidad de roles y funciones en el afianzamiento de las prácticas comunitarias de quechuas, aymaras y otros grupos amazónicos en el Brasil, Ecuador y Colombia (Carter y Mamani, 1986; Arce Quintanilla, 1990).
La crisis de la modernidad, traducida en la disociación entre culturas – nacionalismos y la instrumentalidad económica y política, se lleva por delante todo principio elemental y de derecho, de pueblos que tienen en la hoja de coca un fundamento básico de su cosmovisión y saber tradicional, donde además de las enormes cualidades que tiene como alimento, comparables con la leche y soya (Asociación Chamánica y Ecológica de Colombia, 1998), se usa también con fines terapéuticos, desde una visión integral de la salud (mente, cuerpo y espíritu) “contraria a la visión médica positivista que, sustentada en principos fragmentarios y mecanicista a cerca del ser humano, establece que el consumo de la coca es la ingestión de cocaína, y que la cocaína siendo tóxica es maligan; por lo tanto el coquero es un cocainómano, un taxicómano“ (S. Rivera, 2000).
Además, se afirma que se trata de un vicio indígena ligado al subdesarrollo, donde el indígena acullica, coquea o chupa, porque le falta comida o porque tiene condiciones de trabajo execesivamente duras. Sin embargo, por investigaciones actuales de la socióloga boliviana Silvia Rivera, podemos establecer que se ha desarrollado un consumo que no se restringe al uso tradicional y cultural, sino que abarca cada vez más a las capas medias y altas de la sociedad boliviana y argentina.
En Bolivia, particularmente en las ciudades del Altiplano y de los Valles, el consumo de la coca en clases medias y altas es más frecuente de lo que se reporta; los primeros viernes de cada mes comercios, empresas y diversas instituciones recurren al acullico para completar un ritual de sahomerío que limpie energías y traiga prosperidad, tampoco es casual ver que en reuniones de intelectuales o de hombres prósperos de negocios se ofrece coca junto a finos licores importados. De igual modo en las provincias del norte argentino, las clases medias y altas acullican hojas de coca como símbolo de status, ofreciéndose a veses en las callles con letreros luminosos. Este modo “moderno” de consumo, establece que el acullico o coqueo ya no es exclusivamente de carácter ritual, sino también recreativo, como estimulante, equivale al “coffe break, etc.” (S. River, 2000).
3. La coca en el circuito de la cocaína y el narcotráfico: ¿un desfase de la modernidad?
La otra cara de la moneda nos muestra este cultivo milenario inserto en el circuíto de la cocaína, como desfase de las propias exigencias que el mercado internacional opera dualmente en nuestras formaciones socio - económicas, a través de una política estatal nacional sometida a los designios del Banco Mundial.
En efecto, debido a las políticas de ajuste estructural impuestas sobre el Estado Boliviano, se redujo sectores productivos tradicionales de la economía nacional, con el consecuente despido de grandes sectores de trabajadores; ocasionando procesos migratorios internos que desmbocaron sobre todo hacia zonas del Chapare, atraidos por las condiciones favorables de explotación agrícola existentes en estas.
El auge del narcotráfico imperante en décadas pasadas, condicionó a que gran parte de estas poblaciones orienten sus esfuerzos al cultivo de la coca en esta zona - considerada de cultivo excedentario - , proveyendo al narcotráfico su principal insumo, y obteniendo a cambio una actividad rentable.
La inexistencia de políticas y acciones concretas de desarrollo agropecuario por parte del gobierno, completa un cuadro de condiciones apropiadas para el desarrollo de estas actividades ilicitas, que desencadenarian en rasgos de violencia durante varios años hasta la actualidad.
Hoy la situación se torna cada vez mas complicada, en un dialogo de sordos que por un lado, desde la miopía de un gobierno sojuzgado por la cooperación internacional americana, plantea con exesiva soberbia una política de erradicación total de este cultivo, despues de un largo proceso de intentos de desarrollo de productos alternativos; por otro lado, desde la desesperanza de gentio empobrecido, se mantiene estoicamente de la defensa de una actividad que, mas allá de su ilegalidad, posibilita su sobrevivencia. Este afán de un diálogo, que no llega nunca a concretarse en actitudes de desarme espiritual, ha tenido inclusive su representatividad social en gestiones parlamentarias, con la intención, de ambos frentes, de legitimar o justificar ante la sociedad sus reacciones violentas.
De tal modo que la intencionalidad de un dialogo tardio y con mínima predisposición para llegar a acuerdos, desemboca casi siempre en violencia y enfrentamientos, equiparando el número de muertes de uno y otro bando: un muerto más de la policía y otro de los cocaleros, en suma dos de la población empobrecida.
4. A manera de conclusiones.
La pretensión de las reflexiones precedentes no ha sido la de establecer un cuadro pormenorizado de las múltiples facetas que presenta el complejo problema de la producción y consumo de la hoja de coca en Bolivia; se intentó en cambio, llamar la atención a cerca de la naturaleza del origen del problema, que a nuestro entender tiene que ver con la forma de percibir la legalidad o la ilegalidad de la producción y consumo de tal o cual substancia en el marco del sistema socio económico establecido.
Está pues claro, que la ilegalidad de la hoja de coca tiene poco o nada que ver con sus propiedades físicas o químicas, sino con las relaciones de poder que determinan finalmente lo que es legal y lo que es ilegal. Así, podemos observar por ejemplo, que hay inclusive drogas - como el tabaco y el alcohol - que son legales a pesar de su reconocida nocividad; en tanto que, corresponden al estilo de vida de grupos sociales hegemónicos y son parte de la imagen que como constructo social adquirimos de la “modernidad y el mundo civilizado”.
La producción y el consumo de la hoja de coca se convierte en un problema cuando escapa del control de la visión modernista a cerca del desarrollo y la civilización, poniendo en entredicho los patrones culturales dominantes y la doble moralidad norteamericana. Pero mas allá de aspectos ideológicos, está también el interés mercantil, pués la alta rentabilidad y la competencia impone una lucha salvaje por el control de los mercados, para lo cual la propia rentabilidad ofrece medios de adquisición de violencia, que termina por ser utilizada como respuesta a la que busca imponer el Estado con su estrategia represiva.
Bajo estas aseveraciones, considero que el origen de estos conflictos sociales que desembocan casi siempre en violencia, se encuentra en la soberbia e intolerancia de un sistema hegemónico que no encuentra otro camino para legitimizarse socialmente, que no sea el de la represión violenta; manifestando así, la crisis no solo de sus intrumentos políticos e institucionales, sino también de la forma como concibe el desarrollo.
El cambio debe traducirse en la posibilidad de integrar armónicamente otras formas de pensar y percibir la realidad, posibilitando en consecuencia la incorporación del actor social de base a la construcción de un nuevo ordenamiento social, que tenga como principal virtud la tolerancia y el diálogo abierto, no solo en su dimensión instrumental sino también en su dimensión cognoscitiva. La primera sensación de agresión que se tiene en la vida cotidiana, se siente al no ser escuchado; luego, se ocasiona el conflicto como producto del desentendimiento y más de una vez, terminamos en actitudes de violencia física. La marginación del conocimiento de las culturas nativas, en el proceso de construcción de la sociedad actual, es aquella primera actitud de agresión.
Raúl Delgado B.
Cochabamba, Bolivia
rdelgado@entelnet.bo