CONSULTA C2: 

 

"Conflicto y Paz en las Sociedades de Montaña"

 

S. Frederick Starr

 

Presidente del Instituto de Asia Central y el Cáucaso, de la Escuela Nitze de

Estudios Internacionales Avanzados,  Universidad Jhons Hopkins.

 


 

 

CONFLICTOS EN ZONAS DE MONTANA: la cuestión.

 

Durante gran parte de la segunda mitad del pasado milenio la principal fuente de conflicto en las regiones de montaña fue el esfuerzo de los países emergentes por extender su poder sobre los pueblos de montaña.  En mayor o menor grado, todas las guerras en Escocia, Suiza, Perú, el norte del Cáucaso, Afganistán y grandes partes de México  surgieron de este proceso. Sin embargo, una vez que la cuestión del poder de los estados modernos sobre  los pueblos de altura se resolvía, la mayoría de las zonas de montaña desaparecían de la atención mundial.

 

Una nueva ola de conflictos ha azotado recientemente las regiones montañosas de varios continentes. En el corto lapso de la pasada década, lugares tan diversos y distantes entre sí como los Andes peruanos, los Balcanes, el Hindukush afgano, el Himalaya nepalés, Karabakh y Chechenia en el Cáucaso, la sierra colombiana, las montañas Atlas de Algeria, y los pamires de Tayikistán, todos han sido testigos de luchas sangrientas. Cientos de miles han muerto en estas pugnas.

 

Estos conflictos en las grandes altitudes socavan las condiciones que sostienen la vida humana en estas frágiles zonas.Aunque los protagonistas de estas luchas son principalmente hombres, éstos definen las condiciones bajo las cuales las mujeres y los niños luchan por sobrevivir.Estas guerras, otrora libradas en la oscuridad, hoy se informan de ellas por todo el mundo y en una  manera tal que arrastra mayor poder en sus vórtices. Rusia, Europa, los Estados Unidos, y la India han terminado involucrados en operaciones militares  en o más arriba de  la cota forestal (timberline). Puesto que los  problemas precipitantes nunca son únicamente locales en su significación, los conflictos en las remotas zonas de montañas se vuelven pronto fuentes de tensión en  la comunidad más amplia de las naciones. No es una exageración decir que el problema de la guerra y la paz en las zonas de montaña es uno de los temas más urgentes y difíciles de las relaciones internacionales de hoy.

 

Hasta  hace poco,  unos cuantos estaban preparados para reconocer la existencia de un "problema de montaña" como ese. Aun hoy es conveniente tratar cada caso de combate armado en  zonas  de montaña como único en su género. Aquellos que toman este derrotero a menudo remontan las raíces de cada conflicto  a tensiones étnicas o religiosas muy antiguas. Es verdad que esos factores suelen desempeñar un papel. Sin embargo en casi todos los casos en que estos factores son  invocados, durante décadas o incluso siglos las mismas partes y grupos en conflicto se las arreglaron para coexistir antes del estallido reciente. Y uno podría preguntarse ¿por qué la identidad étnica o religiosa de un indígena peruano y un pashtun afgano se vuelve repentinamente un problema casi a la vez, y por qué los campesinos armados de Nepal  presentan las mismas formas de resistencia, cuando aquellos contra los cuales luchan tienen  su misma religión y pertenecen a su misma etnia?

 

 

¿QUE SABEMOS DE ESTOS CONFLICTOS?

 

A pesar de estos problemas de análisis no reconocidos e irresueltos, el mundo académico ha producido últimamente un impresionante volumen de investigación relativo a problemas de guerra y paz en zonas de montaña. Por ejemplo, los antropólogos han estudiado tanto  los orígenes de conflictos específicos en aquellas zonas, como sus medios tradicionales de resolución de conflictos. Los sociólogos han rastreado  el debilitamiento de los lazos comunales bajo el impacto de fuerzas externas, y la manera en que la lucha armada podría  ya sea  alentar una mayor cohesión o conducir al colapso social. Los economistas han  estudiado  el deterioro de las economías de los pueblos de montaña a medida que son absorbidos en el torbellino generado por los sistemas urbanos emergentes de uso de recursos, producción y distribución. Y los politicólogos e historiadores han hecho un seguimiento de  la manera en que el conflicto armado en  las zonas de montaña más distantes evolucionan en crisis nacionales y luego internacionales de primer orden.

 

 

ALGUNOS RASGOS COMUNES DE CONFLICTOS CON RAICES EN LA MONTANA:

 

A la luz de esto, ¿es apropiado hablar hoy de un problema generalizado de guerra y paz en los territorios de montaña? ¿O debemos más bien continuar abordando cada caso de conflicto oriundo de la montaña como único, y el hecho de la aparición simultánea de más de una docena de ellos en tres continentes como una mera coincidencia? Reconozcamos primero que las condiciones que precipitan el  conflicto y movilizan el apoyo de una acción armada entre los pueblos de montaña y entre ellos y los foráneos  son siempre altamente específicas. Las preocupaciones de la población nativa de los montes de Chiapas, las metas que buscan, la vía que eligen para perseguirlas, todo ello difiere claramente de los problemas correspondientes en Bosnia o Tayikistán. Y sin embargo, es posible extraer de muchos de los conflictos de las zonas montañosas de la década pasada un número de elementos comunes a la mayoría de ellos, si no  universales.

 

 

A. EN LA PELIGROSA FRONTERA ENTRE EL AISLAMIENTO Y LA INTEGRACION

 

Una importante característica común entre  las regiones montañosas propensas al conflicto es que no están ni totalmente aisladas de la economía mundial  moderna ni están totalmente integradas a ella. Sus comunicaciones  y su infraestructura vial son suficientes como para permitir que los negocios o los mercados nacionales exploten sus recursos, sea el oro de Kirgistán o el ámbar de Chiapas. Sin embargo, tanto el control administrativo y financiero tiene su sede en otra parte. A consecuencia de ello, la gente de las montañas cosecha pocos beneficios de su participación involuntaria en el mercado mundial.

 

Para tomar un solo ejemplo, las ganancias de la venta de la energía hidroeléctrica de las zonas de montaña fluye invariablemente hacia las arcas metropolitanas. Y mientras los países desérticos ricos en petróleo y gas pueden exigir pagos por sus recursos caídos del cielo, la gente de la montaña está condenada a enviar su preciosa agua sin cobro alguno. ¿Es de extrañarse que entre las comunidades más propensas al conflicto estén aquellas que exportan sus recursos naturales a las metrópolis pero no pueden comprar los bienes esenciales  a cambio de ello?

 

 

B. UN DISTINTIVO TIPO MODERNO DE POBREZA

 

La pobreza  ha sido desde hace largo tiempo un rasgo de la vida en muchas comunidades de zonas de gran altitud. Pero la pobreza que prevalece en  muchas zonas montañosas de hoy es de un tipo peculiarmente moderno, puesto que surge de una dependencia creciente respecto a los centros metropolitanos de las tierras bajas, en vez de que surja de la antiquísima autosuficiencia en un medio ambiente áspero.

 

 

C. LA INEFICACIA DE LOS GOBIERNOS

 

Los gobiernos no están ciegos frente a la existencia de esa pobreza, pero su alivio rara vez es una alta prioridad.  Las montañas suelen estar lejos de la capital y de los prinicipales centros poblacionales. En muchos casos las cordilleras  marcan fronteras nacionales, y por ello son tratadas como zonas de seguridad. Rara vez  la voz de la gente de la montaña se oye fuerte en los parlamentos o los organismos gubernamentales. En consecuencia, los gobiernos centrales subordinan sus necesidades a demandas más urgentes de las regiones densamente pobladas.

 

Las estrategias de desarrollo perseguidas tanto por los estados socialistas como capitalistas durante el siglo pasado aportaron el apoyo teórico para políticas que ignoraban a los pueblos de la montaña.  Los modos extensivos de desarrollo dieron gran énfasis a las economías de escala de un tipo que solo podría lograrse mediante la agricultura industrializada o en fábricas urbanas  importantes. Mientras esas estrategias dominen, los gobiernos verán los asentamientos de montaña poco menos que fuentes de mano de obra barata para las grandes empresas  de otras partes. Los funcionarios responden a la pobreza de la montaña sugiriendo que sus víctimas  migran a las tierras bajas. La Unión Soviética fue más allá, reestableciendo a la fuerza a naciones de montaña enteras en  grandes colectividades de tierras bajas.

 

En aquellos raros casos en los que un gobierno central reconocía el problema de la pobreza de la montaña y buscaba hacer algo al respecto, generalmente no tenía idea sobre cómo proceder y carecía de los recursos financieros necesarios para hacerlo. Pero el mero hecho de que los gobiernos nacionales proclaman gobernar en nombre de toda su población politiza el problema de la pobreza de la montaña. Los habitantes residents  de la montaña  ven la falta de voluntad o incapacidad de sus gobiernos centrales para aliviar su pobreza  como una prueba de que el Estado los ha abandonado en sus momentos adversos.

 

 

D. LAS COMUNICACIONES CREAN AUTOCONCIENCIA ENTRE LOS POBRES DE LA MONTANA

 

El continuo avance de la moderna tecnología de la comunicación   aún en las zonas más remotas acrecienta el alejamiento de los pueblos montañosos de la política nacional. La radio y la televisión permiten que hasta los agricultores y mineros analfabetos  con una economía de subsistencia desde servicios públicos remotos de las montañas se formenalguna idea de la vida en las florecientes ciudades de las tierras bajas y en la capital de su país. Comienzan a tener una aguda cuenta de su relativo retraso, aun si su situación está mejorando en términos absolutos. Envían a sus hijos más inteligentes a buscar empleos en la ciudad con la esperanza de que remitan dinero a sus padres y a aquellos que dejan atrás.Al partir muchos de sus mejores y más brillantes miembros a las tierras bajas en busca de empleo, las sociedades de montaña se rezagan aún más, y los informes e imágenes de la vida urbana que les llega a diario los medios electrónicos se los recuerda.

 

 

E. REMEDIOS DESESPERADOS: "DROGAS Y GLOBALIZACION PARA LOS POBRES"

 

A medida de que la desesperanza se profundiza, la gente de la montaña se prepara  para abandonar sus ocupaciones tradicionales a favor de cualquier actividad que le permita alimentarse a sí misma y a su familia.

En muchos casos esto significa el cultivo de la amapola o la coca. Esto la pone en contacto con elementos criminales de su propia  comunidad, las principales ciudades, y el extranjero. Gradualmente es arrastrada a los escalones más bajos de esta  peligrosísima forma de globalización económica. Para la gente de montaña, la industria del narcotráfico es un tipo de "globalización para los pobres".

 

 

F. PSICOLOGIA DE LA VICTIMIZACION

 

La profundización de la pobreza de los habitantes de las montañas, sea absoluta o relativa, combinada con su creciente consciencia de su destino, hace surgir una psicología de la victimización altamente volátil. Los pueblos de la montaña que han vivido en paz por generaciones de pronto empiezan a lanzarse contra sus supuestos opresores. La mayoría de sus blancos son los residentes más prósperos locales  de un valle vecino, o un grupo étnico cercano de quien sospechan que está conspirando contra ellos junto con comerciantes o funcionarios. A medida de que la pugna por los escasos recursos  se agudiza,  pueden  surgir conflictos aun entre grupos familiars rivales  o clanes rivales dentro de una misma comunidad.

 

 

G. INICIATIVAS RADICALES NO GUBERNAMENTALES

 

Los gobiernos  al no abordar estos problemas dejan libre el campo a fuerzas no gubernamentales.  El quiebre de la autoridad legítima en las zonas de montaña da origen  a señores de la guerra locales, a agrupaciones criminales que extraen dinero de la población a cambio de una seguridad mínima.  Si bien algunos de los señores de la guerra locales explotan fríamente, otros asumen el papel de Robin Hood protegiendo a los pobres contra los funcionarios públicos u otros supuestos opresores. Sin embargo, esas bandas, con mucha facilidad forjan vínculos con narcotraficantes, criminalizando aún más la sociedad de las zonas de montaña.

 

 

H.  APOYO Y FINANCIAMIENTO INTERNACIONAL

 

Estas condiciones  proporcionan un suelo fértil para la propagación de ideologías y movimientos extremistas provenientes de áreas urbanas  lejanas o del extranjero. =Esos movimientos, ya sean seculares o religiosos buscan invariablemente movilizar a los oprimidos en nombre de una transformación radical de toda sociedad. Gracias al dinero aportado por los simpatizantes de afuera o derivado de actividades ilegales, incluido el negocio del narcotráfico, estos movimientos pueden ofrecer un apoyo financiero generoso  para sus reclutados en la forma de capacitación gratuita, ayuda a familiares y empleo.

 

 

I. RESPUESTAS GUBERNAMENTALES QUE EMPEORAN LAS COSAS

 

Por último, aún los gobiernos centrales más distantes e indiferentes se ven forzados a reaccionar ante la existencia de conflictos armados en las regiones montañosas de sus países. Sin embargo,  su primera respuesta llega invariablemente tarde,  mucho después de que las funciones normales de la sociedad civil se han quebrado. De allí que los gobiernos centrales tratan el problema   sobre todo como un problema de seguridad..Se envía al ejército para  sofocar el desorden, pero de inmediato se vuelve parte del problema al que fue enviado a resolver. El ejército nacional introduce  armamentos cada vez más potentes al campo de batalla. Todo esto cae en manos de los otros combatientes, toda la zona de montaña se militariza progresivamente y el ejército se vuelve solo una de las tantas fuerzas  en lucha. Al final, el quiebre social y económico es completo  y se vuelve casi irreversible.

 

Estos son, pues, algunos de los rasgos comunes de los conflictos que surgen en las regiones montañosas del mundo en los primeros años del nuevo milenio. Esta morfología social se encuentra sujeta a muchas variaciones locales, pero su patrón y dirección general  es en todas partes la misma, desde los Andes a los Himalayas, desde las Montañas Atlas al Cáucaso.  Ninguno de estos rasgos de diagnóstico es absolutamente nuevo en nuestro mundo de hoy.  Se pueden encontrar ejemplos de ellos en los primeros conflictos del siglo XIX y XX. Lo que distingue a nuestra era es que todos estos rasgos ocurren regularmente juntos, y en un reducido período de tiempo, lo que confiere mayor fortaleza a estos conflictos.

 

 

POSIBLES REMEDIOS

 

¿Qué se puede hacer, si algo, para quebrar este ciclo de desesperanza, colapso cívico y conflicto? ¿Existen "mejores prácticas" que pueden  atajar a este círculo vicioso, o  quebrarlo una vez que ha comenzado? El registro de los últimos años no  es alentador. Sin embargo, unas cuantas prescripciones obvias pueden citarse:

 

 

A. Los conflictos en la montana, un problema internacional

 

Primero, los conflictos en la montaña no deben ser considerados puramente asuntos domésticos.  Pocas zonas de conflicto de montaña se encuentran confinadas nítidamente dentro de las fronteras de un único país. Además, la frecuente importación de armamento extranjero, la participación de combatientes foráneos, el involucramiento de los cárteles internacionales de la droga, y  la explotación de los conflictos  de la montaña por estados vecinos, todo ello  subraya la  medida en que  deben  ser tratados  como problemas internacionales. Como tales, estos conflictos y las condiciones que los conducen a ellos  deben convertirse en tema de consulta y acción tanto internacional como nacional.

 

 

B. Monitoreando las condiciones sociales y económicas de las regiones de montaña.

 

Segundo, para que tales iniciativas sean efectivas a cada uno de esos niveles, deben estar basadas en datos confiables  sobre las condiciones reales  de las regiones montañosas. Esto no existe ahora.  Los Informes de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas y otros panoramas estadísticos como ese  deberían incluir en adelante  una categoría que esté relacionada con cada territorio y pueblo  de la montaña del país. La economía, las condiciones ecológicas, la situación de bienestar humano, y la salud pública en las regiones montañosas, todo ello debería ser desagregados del todo nacional para propósitos analíticos. Como dice el proverbio, "Hacemos lo que medimos". En la actualidad, las condiciones de vida de la gente en las zonas montañosas del mundo no está siendo monitoreada adecuadamente.

 

 

C. Concentrar la energía en casos específicos para probar que es posible tener éxito.

 

Trcero, las instituciones internacionales  relacionadas con la pacificación y el mantenimiento de la paz deberían reconocer la proliferación de confilictos globales sin precedentes en zonas de gran altitud y concentrar nueva energía para revertir esta tendencia. En ausencia de éxitos claros, los formuladores de políticas persistirán en la  visión común de que los conflictos de la montaña son intratables ipso facto y por ello solo pueden ser cercados en vez de resueltos.

 

 

D. Identificar "mejores prácticas" que han producido éxitos.

 

Cuarto, cualquier éxito a largo plazo en  prevenir o resolver esos conflictos  deber ser identificado y  sus elementos básicos divulgados, de manera que  alienten un enfoque de "mejores prácticas" respecto a las sociedades de montaña y a sus problemas.  Hasta ahora, el enfoque prevaleciente en todas partes ha sido improvisado, en vez de sistemático. Solo mediante el desarrollo de una comprensión comparativa de los problemas y las patologías de las comunidades de la montaña se pueden diseñar, aplicar y mejorar remedios generales en base a la experiencia.

 

 

E. Abordar los temas de seguridad y los problemas socioeconómicos juntos, y no  uno por uno.

 

Quinto, la  tendencia hoy en todas partes  es abordar primero los asuntos políticos y militares y solo después prestar atención a los problemas sociales y económicos que han hecho surgir el conflicto.  Por ello, ambos deben ser tratados simultáneamente y desde el inicio.  Aquellos que objetan que el desarrollo económico y social  solo puede darse luego de que se ha establecido la paz deberían estudiar los diversos casos donde un sosegado desarrollo económico de un pueblo ha conducido a que familias, grupos y comunidades enteras se retiren del conflicto prevaleciente.

 

 

F. Concentrar medidas remediadoras relacionadas con la gente, y no con las cosas.

 

Sexto, tanto para resolver los conflictos existentes como para prevenir los futuros se debería poner énfasis en las políticas que tratan con la gente en vez de con las cosas. Los proyectos de infraestructura de gran escala no deberían excluirse, pero los beneficios que brindan rara vez guardan proporción con su costo. Por el contrario, las iniciativas de cualquier escala que se enmarcan en términos de las necesidades reales de las comunidades de montaña suelen ser rendidoras. La experiencia de varias ONGs importantes desde Pakistán al Perú sugiere que las más productivas suelen a ser de escala y costos bastante modestos,  centrándose en la agricultura  de la localidad.

 

 

G. Involucrar  activamente a la misma  gente de la montaña.

 

Séptimo, un progreso hacia la estabilización de las sociedades de montaña y la prevención de futuros conflictos requerirá que la gente de la montaña se involucre activamente como participante, en vez de que sea tratada como beneficiaria pasiva de la ayuda internacional. Formulado de diferente manera, las agencias nacionales e internacionales deben involucrar a la población local de un modo que acepte voluntariamente su parte de responsabilidad por el éxito de cualquier programa dado.

 

H. Adoptar  los mecanismos del sector privado y el mercado.

 

Octavo, las iniciativas  dirigidas al desarrollo económico y social a largo plazo en las comunidades de montaña deben abarcar por completo al sector privado, alentando iniciativas empresariales bajo condiciones de una economía de mercado. Esto significa reconocer que la mayoría de la gente de la montaña aspira a participar plenamente  en la vida moderna, aun cuando mantengan un vínculo con sus hogares y culturas tradicionales. Si no se logra aplicar esta sencilla regla  las comunidades de montaña

se volverán aún más gueto dentro de sus economías nacionales y regionales.

 

 

I. Ayudar a los pueblos de montaña a volverse protectores de su medio ambiente y sus recursos.

 

Noveno, tales iniciativas deben ser diseñadas y llevadas a cabo en una manera que ayude a los residentes locales a reconocer tanto la especial  fragilidad  de la fauna y flora de las grandes altitudes, como el carácter finito de los recursos no renovables.  El no hacerlo destruirá los recursos que harán  sostenible al progreso.

 

 

J. Dar educación y capacitación que desarrolle destrezas para el desarrollo económico y social.

 

Finalmente, puesto que las únicas personas que pueden a largo plazo prevenir o resolver conflictos en las regiones montañosas son los mismos residentes locales,  ellos deben tener acceso a todas las diversas formas de educación y capacitación que incrementen su eficacia  en estas tareas. Con solo pocas notables excepciones, esos programas no existen hoy. Pero mediante el desarrollo de nuevos tipos de instituciones que hacen uso de las últimas tecnologías, esa educación y capacitación podrían encontrarse disponibles aún en las regiones del mundo más remotas y que bordean el conflicto. Comparado con las pérdidas humanas y económicas de los conflictos, el costo de esas iniciativas innovadoras en educacion y capacitación es modesto.

 

 

 

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