BIOSF_3: LA RESERVA DE LA BIOSFERA SIERRA DE MANANTLAN: UN BALANCE DE OCHO AÑOS DE GESTION Sergio Graf Montero(1), Eduardo Santana C.(2), Enrique Jardel Peláez (2), y Bruce F. Benz (2) 1. Instituto Nacional de Ecología, Secretaría del Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca 2. Instituto Manantlán de Ecología y Conservación de la Biodiversidad, Centro Universitario Costa Sur, Universidad de Guadalajara,
INTRODUCCION En los últimos años el principal paradigma que ha dominado la disciplina de manejo y administración de las áreas naturales protegidas ha sido la integración de la conservación de la diversidad biológica con el desarrollo social sustentable. Este nuevo enfoque ha desplazado a aquellos de corte preservacionista y tiene sus orígenes, a partir de la década de los sesentas, con el desarrollo de algunos parques regionales en Europa, que pretendían no sólo preservar la naturaleza, sino también las culturas tradicionales. Posteriormente, esta concepción fue incorporada al modelo de reservas de la biosfera del programa MAB-UNESCO y a la Estrategia Mundial para la Conservación como una alternativa al fracaso del modelo de parques nacionales norteamericanos, que había sido adoptado de manera generalizada por la mayoría de los países del Tercer Mundo. Este cambio de enfoque fue positivo, ya que las áreas protegidas en países pobres, a diferencia de los parques norteamericanos, no son espacios sin habitantes. Muchas de ellas albergan territorios de comunidades indígenas con un arraigo milenario y proveen importantes recursos a las poblaciones locales. Sin embargo, son escasos los ejemplos de una gestión exitosa que integre la conservación y el desarrollo, ya que la mayoría de los proyectos aún mantienen un fuerte énfasis sobre los aspectos técnicos de gestión, considerando al área silvestre como una especie de "isla," donde se debe dar una relación armoniosa entre la sociedad y la naturaleza, ubicada en un mar de deterioro ambiental.
El contexto socioeconómico regional y nacional raramente se considera en la ecuación para la gestión de las reservas. Las áreas naturales protegidas enfrentan una fuerte presión sobre sus recursos debido, entre otros factores, a las condiciones de extrema pobreza de la poblaciones locales, la aplicación de políticas de desarrollo incompatibles con la conservación y la falta de respaldo institucional para su gestión. Abundan las "reservas de papel" que fueron decretadas legalmente, pero que no tienen una protección efectiva en el terreno, ni un programa establecido para su manejo y vinculación con la población local.
La Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán, es un proyecto impulsado originalmente por el Instituto Manantlán de Ecología y Conservación de la Biodiversidad (IMECBIO) de la Universidad de Guadalajara, y recientemente incorporado a los programas del Instituto Nacional de Ecología (INE) de la Secretaría del Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, que se ha considerado como modelo a nivel latinoamericano. La experiencia de casi ocho años de gestión de la reserva sirve para ejemplificar los principales problemas a los cuales se enfrentan los proyectos en los cuales se pretende conjugar los objetivos de conservación de la naturaleza con el desarrollo social, y donde diversos actores, incluyendo instituciones académicas, organizaciones campesinas, grupos de interés y dependencias gubernamentales, generan un ambiente dinámico y complejo de interacciones sociales en torno a la gestión del área. DESCRIPCIÓN DE LA SIERRA DE MANANTLÁN Situada en los límites de los Estados de Jalisco y Colima, la Reserva de la Biosfera Sierra de
Manantlán constituye el área natural protegida más importante del Occidente de México, debido a
su gran extensión (139,500 ha), alta riqueza de especies silvestres y cultivadas, potencial forestal y
servicios ecológicos que presta a toda una región de Colima y del Sur de Jalisco. Sus cuencas son
importantes abastecedoras de agua para los valles agrícolas y centros urbanos adyacentes, que
albergan una población de más de 400,000 habitantes. La complejidad topográfica, el pronunciado gradiente altitudinal, que va de los 400 a los 2,860 msnm,
y la proximidad al Océano Pacífico se conjuntan en esta zona para producir una marcada variedad de
condiciones ambientales, que a su vez, dan lugar a una gran diversidad de especies y de habitats.
El área alberga más de 2,700 especies de plantas, y pueden observarse nueve tipos de vegetación,
desde bosques tropicales en las partes bajas, hasta bosques de coníferas a partir de los 1,500 metros .
La fauna silvestre es también diversa, encontrándose más de 560 especies de vertebrados, entre las
que se cuenta el 26% (109) de las especies de mamíferos mexicanos, y así como el 33% (336) de
las especies de aves en el país. La sierra reúne una gran cantidad de recursos naturales que representan un valioso potencial productivo
para el desarrollo de la población local, especialmente en lo que se refiere a recursos forestales.
Hasta el momento, se han registrado más de 630 especies de plantas y 70 especies de animales
silvestres utilizadas en la región. En efecto, la Unión Internacional para la Conservación de la
Naturaleza (UICN) categorizó a la Sierra de Manantlán como un importante banco de germoplasma
de especies útiles, entre las que se encuentran una gran cantidad de variedades criollas de maíz y
frijol. Esto es, además, un reflejo de la importancia del conocimiento tradicional que aún está vigente
y que representa un componente notable del patrimonio cultural regional. La Sierra de Manantlán no es una zona deshabitada, por el contrario, más de 4,000 años de presencia
humana han conformado los paisajes de esta zona montañosa, que alberga en la actualidad, a poco
más de 30,000 personas en 25 comunidades agrarias. Dentro de los límites de la Reserva hay 45
asentamientos humanos donde viven en condiciones precarias cerca de 7,000 personas. Las
poblaciones de la zona sur son comunidades indígenas de origen Nahua. La mayor parte de la
población en la sierra se encuentra en condiciones marcadas de pobreza y marginación social:
existen altas tasas de emigración, y los serviciós educativos, de salud y de comunicación son
escasos y deficientes. Esto se refleja, en altas tasas de enfermedades infecciosas, morbilidad y
mortalidad infantil, analfabetismo (hasta el 40% de la población adulta en algunas comunidades),
y violencia, principalmente en las comunidades que se encuentran más aisladas. Las comunidades agrarias no son unidades homogéneas, existiendo al interior grandes diferencias
entre sus miembros. En la mayoría de los casos, los medios de producción se concentran en una
minoría de los productores, y la distribución de la tierra y el ganado es bastante desigual entre los
campesinos de una misma comunidad. Por ejemplo, en la Comunidad Indígena de Cuzalapa, el 8%
de los comuneros es propietario del 67% del hato ganadero. La agricultura es la base de la economía local, sin embargo, ésta atraviesa por una profunda crisis
debido a los bajos precios de los productos agrícolas, la falta de programas de financiamiento y
asesoría técnica, la disminución de la fertilidad de los suelos y la descomposición de los sistemas
tradicionales de producción, causada por la emigración y la depresión económica. Esta situación ha
causado que algunos campesinos se dediquen cultivos ilícitos, como la marihuana y la amapola. Los sistemas tradicionales de producción se han transformado bajo la influencia de los procesos de
modernización. Los programas oficiales de desarrollo, si bien han sido esporádicos en su aplicación,
han aumentado la dependencia de los campesinos respecto del Estado y han modificado las relaciones
sociales al interior de las comunidades, provocando, además, la degradación de los recursos naturales.
Un buen ejemplo de esto es el desarrollo de la ganadería que, impulsada en la región a través del
crédito y subvenciones gubernamentales, ha sido el principal factor de conversión de bosques a
pastizales y de la disminución de la superficie destinada al cultivo del maíz. La ganadería, que se
realiza en forma extensiva, con poca inversión en capital y mano de obra, induce al acaparamiento
individual de los terrenos colectivos para ser utilizados como agostaderos. Esta actividad ha reforzado
la diferenciación social, generando graves conflictos al interior de los ejidos y comunidades indígenas. También la explotación de los bosques, que durante más de 40 años realizaron compañías privadas
externas, tuvo un impacto negativo sobre las comunidades dueñas del recurso. Los proyectos de
desarrollo forestal comunitario impulsados por el Estado en la zona fueron un fracaso, por una parte
porque no consideraron la participación de la población en los procesos de implementación de los
mismos, y también porque estuvieron permeados por la corrupción de autoridades locales y funcionarios
públicos. Esta actividad dejó una derrama económica mínima y provocó, tanto el deterioro de los
bosques, como serios conflictos sociales que en muchas ocasiones se manifestaron de manera
violenta y resultaron en la intervención de la fuerza pública. Las dos comunidades agrarias más
grandes de la reserva, Ayotitlán y Cuzalapa, tienen una larga historia de lucha por la defensa de
sus recursos naturales en contra de las compañias madereras. El historial de violaciones a los
derechos humanos en la zona está íntimamente ligado a estos conflictos. Se observan en la sierra otras actividades productivas de mediana importancia, que han sido
ignoradas por los programas de desarrollo regionales. La recolección de plantas silvestres (palma,
otate, heno, frutos y flores de diversas especies), la fabricación de carbón y artesanías y la pesca
(peces y chacales), son actividades que representan para las familias campesinas más pobres la
única fuente de ingreso durante algunos períodos del año. De igual manera, el consumo de quelites
y fauna silvestre (venados, jabalíes, ardillas, huilotas, iguanas y peces), complementa la dieta
durante períodos críticos, cuando escasea el maíz y el frijol en las comunidades aisladas. LA RESERVA DE LA BIOSFERA: "VIEJO ESCENARIO CON NUEVOS ACTORES" El descubrimiento en la Sierra de Manantlán, realizado en 1979 por investigadores de la Universidad
de Guadalajara y la Universidad de Wisconsin-Madison, de una planta llamada teocintle
(Zea diploperennis), con un alto potencial para el mejoramiento genético del maíz, y las investigaciones
posteriores por parte de la Universidad de Guadalajara sobre la riqueza biológica de la zona, atrajeron
la atención nacional e internacional a esta zona, como área prioritaria en Mesoamérica para la
conservación de recursos genéticos silvestres. Posteriormente, el establecimiento en 1984 de la
Estación Científica las Joyas por el Gobierno del Estado de Jalisco, y la creación en 1985 del
Instituto Manantlán de Ecología y Conservación de la Biodiversidad (entonces llamado Laboratorio
Natural Las Joyas) por la Universidad de Guadalajara, dio inicio a un proceso de investigación y
vinculación social que culminó en la creación de la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán. Mediante un programa de investigación científica, cuyos resultados fueron difundidos en las
comunidades de la sierra y ante las autoridades municipales, estatales y federales, el Instituto
Manantlán empezó a forjar un consenso sobre la necesidad de establecer un área natural protegida
con características particulares. La sierra se convirtió en un espacio común donde coincidieron los
intereses de las comunidades agrarias que luchaban por la defensa de sus recursos naturales y los
de un grupo de universitarios comprometidos con la conservación de la naturaleza. Dicho proceso se
nutrió de la colaboración académica con instituciones nacionales y extranjeras como el Instituto de
Ecología A.C., la Universidad de Wisconsin-Madison y el World Wildlife Fund. A propuesta del Gobierno del Estado de Jalisco, el Ejecutivo Federal decretó, el 5 de marzo de 1987,
la creación de la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán, evento que propició que la reserva fuera
incluida un año después en la red internacional de reservas de la biosfera del programa MAB-UNESCO
de las Naciones Unidas. No obstante el apoyo comunitario existente, a lo largo del proceso de creación
de la reserva se sucitaron reacciones contrarias a ésta, ya que en el área existían fuertes intereses
económicos, relacionados principalmente con la explotación de la madera y con el sistema caciquil
de tráfico de influencias, los cuales se vieron afectados por el nuevo programa. Las presiones se
manifestaron formalmente mediante amparos al decreto federal, así como mediante amenazas de
violencia contra el personal directivo y de trabajo comunitario del Instituto Manantlán y contra los
comuneros y ejidatarios que apoyaban la reserva. También se propiciaron deliberadamente incendios
en zonas forestales de las comunidades agrarias y la Estación Científica Las Joyas. Sin embargo, los
resultados del trabajo de comunitario de la Universidad de Guadalajara se pusieron en evidencia
cuando, en los lugares donde inicialmente hubo una mayor oposición a la creación de la reserva,
fueron los mismos pobladores los que apoyaron el decreto federal, neutralizando los intentos de
anular su implementación, y protegieron el bosque de incendios forestales. Estos grupos campesinos
inconformes con el sistema corrupto de explotación forestal, vieron la posibilidad de canalizar sus
aspiraciones de desarrollo de manera pacífica a través de nuevos mecanismos vinculados a la
gestión de la reserva. De esta manera, la creación de la reserva disminuyó la tensión social existente
en la región creando nuevos espacios para la concertación social. Sin embargo, la creación de la reserva también tuvo como consecuencia la imposición de nuevas
restricciones en el uso de los recursos naturales, a través de la zonificación. El decreto federal no
fue expropiatorio, sino que reguló el uso del suelo, manteniendo intacta la tenencia de la tierra, que
consiste en un 60% de terrenos ejidales y comunales, y un 40% de pequeñas propiedades. Una
buena parte de las zonas núcleo, o áreas de protección integral, se establecieron en terrenos ejidales
ó comunales. Aunque en éstas zonas núcleo no existen asentamientos humanos, tienen potencial de
ser utilizadas a futuro por las comunidades. Esta zonificación "enajenó" una parte del territorio de
algunas de las comunidades sin proveer la remuneración correspondiente, pues los campesinos
siguieron siendo propietarios de sus terrenos pero sin poderlos utilizar. Desde el inicio del proyecto se planteó que la "compensación" por los efectos de la zonificación
se lograría impulsando programas integrales de desarrollo en las zonas de amortiguamiento. Sin
embargo, las dependencias gubernamentales responsables del desarrollo agropecuario y forestal,
no tuvieron la capacidad de coordinarse entre sí y responder a los retos del nuevo modelo de gestión
ofreciendo alternativas productivas. De hecho, muchas dependencias ni siquiera reconocieron la
existencia de la reserva, así como el compromiso nacional e internacional para su gestión, y
aplicaron programas que no eran acordes con los objetivos planteados en el decreto federal. En
algunos casos, los programas se contraponían entre sí, como sucedió con los programas de
protección forestal y los de fomento a la ganadería extensiva. Estos problemas subsisten hasta
la fecha. En un principio, el Gobierno del Estado de Jalisco financió el programa para la creación de la reserva,
pero con el cambio de gobernador, en 1989, el Estado eliminó a la reserva de su presupuesto.
Desde entonces, el programa ha sido financiado principalmente por la Universidad de Guadalajara y
la fundación internacional de conservación llamada Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wildlife
Fund). A medida que el programa avanza, otras fundaciones internacionales como el Nature
Conservancy, Biodiversity Support Program y National Fish and Wildlife Foundation, así como
donadores privados y dependencias gubernamentales han aportado apoyos para el trabajo en la
reserva, pero el presupuesto ha sido insuficiente y esporádico. Recientemente, se realizó un ejercició de trabajo interinstitucional a través del "Programa para el
Desarrollo Integral de la Sierra de Manantlán" impulsado por el Gobierno del Estado de Jalisco y
la Secretaría de Desarrollo Social. Dicho programa se inició en reconocimiento al grado de
marginación en que viven las poblaciones indígenas de la sierra y en respuesta a eventos violentos
que se sucitaron en estas comunidades a finales de 1993 y principio de 1994. El programa tuvo
efectos positivos y la participación del Instituto Nacional de Ecología y el Instituto Manantlán
contribuyó a que se implemantara un taller de concertacion intercomunal con la participación amplia
de diversos grupos sociales que permitió una mejor distribución de los recursos financieros en la sierra.
Sin embargo, el programa fue de corta duración, no aseguró la continuidad de acciones en el contexto
de la reserva, ni sentó las bases para fortalecer la capacidad de gestión de las organizaciones locales.
INVESTIGACION, CONSERVACION Y DESARROLLO: "LA BUSQUEDA DE UNA ESTRATEGIA" La reserva fue planteada desde un inicio como un modelo experimental, a través del cual se pretenden
generar alternativas para mejorar la calidad de vida de la población local sobre la base del ordenamiento
territorial y del aprovechamiento racional de los recursos naturales. En este contexto, la investigación
científica, el desarrollo y la difusión de tecnologías apropiadas, la formación de recursos humanos, la
educación ambiental y el fortalecimiento de las organizaciones locales, juegan un papel instrumental. El Instituto Manantlán de Ecología y Conservación de la Biodiversidad, como institución académica
catalizadora del programa de conservación, ha visto pasar a su proyecto por diversas etapas de
desarrollo. El trabajo se inicia con un programa intensivo de investigación, cuyas líneas principales
son los inventarios de la diversidad de flora y fauna, que establecen el valor ecológico de la zona,
ecología de poblaciones y comunidades de plantas y animales, estudios de procesos de sucesión y
regeneración de los bosques, silvicultura y conservación de biodiversidad en bosques bajo
aprovechamiento, estudios etnobotánicos y evaluación del potencial productivo de recursos bióticos
vegetales, plagas agrícolas, manejo de cuencas y conservación de suelos, arqueología, problemática
agraria regional y sistemas de producción. Dicho trabajo de investigación logró avances significativos
a corto plazo debido a que se fincó en criterios de excelencia, se planteó estrictamente con base a
su utilidad para el manejo de la reserva, se diseñó en estrecha colaboración con especialistas de
diversas instituciones nacionales y extranjeras, y se llevó acabo con financiamiento parcial externo
que impidió que sufriera interrupciones. El trabajo de investigación ha servido como base para las actividades de conservación, mismas
se han centrado principalmente en cuatro aspectos:
La difusión y la educación ambiental, que han jugado un papel fundamental en el reconocimiento de la existencia de la reserva por las autoridades y la población local, así como la generación de un cambio en las actitudes y comportamientos de la gente en relación a los recursos naturales y la importancia de su conservación. Dichas actividades consisten en la organización de talleres de trabajo con campesinos, niños y maestros, la implementación de trabajo educativo en las actividades productivas, salidas de interpretación ambiental a diferentes zonas de la reserva, participación en ferias y festividades locales, y trabajo colectivo de reforestación y limpieza. Este trabajo se apoya en técnicas como juegos infantiles, teatro guiñol, exposiciones con fotos, artesanías y ejemplares naturales, elaboración de folletos ilustrados y videos, e implementación de obras de conservación.
La actividad forestal, si bien ha sido la causante del deterioro de los bosques y de conflictos sociales, también constituye una de las mejores alternativas para el desarrollo de las comunidades, ya que es la vocación principal de uso del suelo. La suspensión temporal de los aprovechamientos forestales en la sierra es una medida transitoria para abrir un espacio para un manejo técnicamente apropiado de los bosques y basado en la organización social campesina. El Instituto ofrece asesoría técnica forestal a diversos ejidos y elabora, con apoyo del programa internacional del Overseas Development Agency (ODA) de Gran Bretaña, una estrategia para el aprovechamiento sostenible de los bosques de la sierra.
El programa de manejo de la Estación Científica Las Joyas, hace de la estación una de las pocas áreas en México con una protección efectiva en el terreno. El manejo de la Estación contribuye directamente a la conservación de habitats y especies, pero también ofrece condiciones para la investigación y monitoreo a largo plazo y apoya programas de formación de recursos humanos de alto nivel. Por otra parte, el manejo de la Estación Científica sirve como importante actividad demostrativa del manejo de un área protegida que se debe implementar en la totalidad de la reserva de la biosfera por parte de las autoridades gubernamentales.
El Instituto participa activamente en las campañas de prevención y combate de incendios forestales, labor por la cual ha recibido diversos reconocimientos por las autoridades federales y estatales. Esta actividad ha prevenido la destrucción de decenas de miles de hectáreas y ha propiciado una concertación efectiva de acciones tanto con las comunidades de la reserva, como con las dependencias gubernamentales. En lo referente a los objetivos de desarrollo social, se brinda apoyo a comunidades agrarias y municipios en la realización de estudios técnicos específicos para el manejo y conservación de sus recursos naturales. Ejemplos de esto son la evaluación del problema de abastecimiento de agua, evaluación de la contaminación y sobrepesca en ríos, elaboración de perfiles ambientales municipales, inventario forestal para aprovechamiento a pequeña escala, elaboración de estudios de impacto ambiental, e inventario de productos silvestres como la zarzamora y el otate, utilizados para autoconsumo y venta. Durante estos años se ha trabajado principalmente en tres comunidades agrarias (los ejidos de Zenzontla y El Terrero, y la Comunidad Indígena de Cuzalapa) donde se establecieron centros de trabajo comunitarios con presencia permanente del Instituto, y se han realizado actividades en otras ocho comunidades (Platanarillo, Ahuacapán, Ayotitlán, Barranca de la Naranjera , El Camichín, Toxín, La Laguna, y El Aguacate). En estas comunidades se han implementado proyectos integrales de investigación aplicada, asesoría técnica y educación ambiental, de forma participativa según las necesidades de cada comunidad. Los proyectos siguen un planteamiento general; 1.- primero se establece el compromiso a largo plazo por parte del propio Instituto y de los organismos de apoyo para asegurar la continuidad del los trabajos iniciados, 2.- los trabajos que se inician surjen de un taller participativo, en el cual se diagnostica la problemática general de la comunidad, se establecen prioridades, y se identifican los problemas en los cuales el Instituto acompañará a la comunidad en búsqueda de soluciones, 3.- se asigna personal de tiempo completo, mismo que residirá en la comunidad para el desarrollo de los trabajos acordados. A continuación se presentan ejemplos de este trabajo. El ejido de El Terrero se encuentra entre los estados de Jalisco y Colima, en la zona de Cerro Grande, donde una de las principales limitantes ambientales es la escasez de agua. Es un ejido en el cual la importancia de la actividad forestal ha superado a la de la producción agrícola y pecuaria en los últimos 20 años, y actualmente es el único en la reserva que cuenta con una empresa forestal comunal para el manejo y la transformación de la madera. Sin embargo, desde su inicio la empresa ejidal se ha enfrentado a una variedad de problemas, resultado de un proyecto mal diseñado que no contó con la participación de los campesinos en su planificación e implementación. Para identificar y buscar soluciones a la problemática social en el ejido, y particularmente a la de la empresa forestal ejidal, se implementaron varios talleres participativos de diagnóstico y planificación. En el corto plazo se logró renegociar parte de la deuda del ejido en torno al aserradero y se lograron resolver los problemas técnicos de la empresa causados por la inadecuada instalación del aserradero. Sin embargo, los problemas no eran sólo de carácter técnico, sino también de tipo social, ligados principalmente a conflictos internos por el control de la empresa y a aspectos de organización y capacitación. Con la finalidad de atacar este problema mayor, se planteó, como resultado de los talleres participativos, la necesidad de constituir un comité de planificación de la empresa ejidal, que permitiera asegurar la transferencia del poder de decisión, concentrado excesivamente en el administrador de la empresa, a la asamblea ejidal. La funcion de dicho comité consiste en planificar la producción, analizar regularmente los problemas que se presentan en la empresa y buscar soluciones para su aprobación en la asamblea ejidal. El objetivo central de este comité de planificación es el de permitir a la asamblea el acceso a la información para la toma de decisiones estratégicas de la empresa, y al mismo tiempo mantener un sistema de delegación de funciones en una instancia democrática. En la actualidad el comité sesiona semanalmente y presenta avances mensuales a la asamblea. A través de este programa se ha impulsado un proceso para el fortalecimiento autogestivo del ejido en torno a su empresa comunal, y al mismo tiempo el programa ha sido un espacio para la capacitación continua de los productores. El comité de planificación promovió la elaboración de un Plan de Manejo para el ejido, que fue avalado por la asamblea ejidal. Este plan representa el grado más avanzado de participación comunitaria en la gestión de la reserva, ya que es un mecanismo por el cual cada comunidad define el tipo de desarrollo productivo y las acciones de conservación que desean se implementen en su territorio. El proceso de organización también ha servido como instancia para resolver otros problemas, como lo son el establecimiento de una clínica de salud, exigir la asistencia regular de los maestros a la escuela primaria, renegociar la deuda del ejido ante sus acreedores y tramitar otros asuntos de beneficio social. Sin embargo, los conflictos internos por el control de la empresa, la falta de capacidad técnica y administrativa de los campesinos, los altos costos de producción y las condiciones desfavorables del mercado de la madera debido a la apertura comercial del país, son problemas que siguen afectando el desarrollo forestal del ejido. En las comunidades de la reserva donde los recursos colectivos no representan un potencial económico, ya sea por su escasez o porque son fuentes de conflictos no solucionables a corto plazo, se ha buscado impulsar la oganización social y la capacitación campesina a través del mejoramiento agrícola. Tal es el caso de las comunidades como Zenzontla y Cuzalapa donde el trabajo se ha centrado en la extensión agropecuaria, basada en el mejoramiento de las condiciones de producción de maíz, el servicio médico-veterinario y la capacitación en sanidad animal. El trabajo se ha iniciado con talleres de diagnóstico sobre los problemática agrícola en estas comunidades, en los cuales se determina la importancia de llevar a cabo acciones para mejorar la fertilidad de los suelos en sus parcelas. En estos talleres se estable el programa de trabajo, así como los compromisos de los participantes. Los objetivos de este programa son: 1) mejorar las condiciones de producción de alimentos, 2) reducir la dependencia de insumos externos, y 3) iniciar una reflexión colectiva sobre el problema sentido de la baja producción de alimentos. El programa de mejoramiento agrícola consiste en la difusión de tecnologías adaptadas a las condiciones locales y de fácil adopción por los campesinos, y la implementación de experimentos para el mejoramiento de los sistemas tradicionales de cultivo de maíz. Aparte de ofrecer asesoría en el uso de fertilizantes, el cultivo de hortalizas y otras especies para autoconsumo, se promueven cuatro técnicas agrícolas: la construcción de barreras de piedra y terrazas, la labranza mínima, la eliminación de la quema de residuos del cultivo y el uso de abonos orgánicos, principalmente leguminosas. El implementar estos programas en la comunidad requiere de un análisis previo, ya que el contexto en cual se aplica puede determinar su éxito ó fracaso. Por ejemplo, las tecnologías que requieren mucha mano de obra solamente tendrán éxito en comunidades donde se apliquen a cultivos con un valor comercial comprobado, ó que utilicen cultivos para autoconsumo, en una situación en la cual no hay posibilidades de empleo fuera de la comunidad u opciones para la comercialización de otros productos. Actualmente, 40 campesinos de seis comunidades de la reserva han participado en los cursos prácticos para la adopción de estas técnicas en sus parcelas. La limitante principal en este programa han sido los bajos incentivos para la producción de maíz. Si bien estos proyectos a pequeña escala no representarán un gran cambio en el nivel de vida de toda la población de la sierra, representan ejemplos vivos de lo que se podrá lograr en la medida en que las dependencias gubernamentales impulsen programas de desarrollo sostenible en la zona.
IMPEDIMENTOS PARA ESTABLECER EL MODELO DE CONSERVACIÓN. El desarrollo social y la participación de la población local en la gestión de la reserva, si bien son dos aspectos explícitamente reconocidos en el proyecto de la Sierra de Manantlán, llevarlos a la práctica ha sido extremadamente difícil. El primer impedimento es la inexistencia de una instancia intersectorial para la gestión de la reserva que sirva como medio de concertación entre los tres niveles de gobierno, la población local, las intituciones académicas y la sociedad civil en general. Ocasionalmente, se ha planteado que la Universidad de Guadalajara, a través del Insituto Manantlán, sea la responsable de la administración de la reserva, sin embargo, esto no es factible. La universidad, como institución académica de educación superior, no tiene las atribuciones legales ni los recursos financieros para responsabilizarse totalmente de una función que le corresponde a los gobiernos federales y estatales. El papel de la universidad debe ser como responsable de los programas de investigación y educación ambiental en la reserva, coadyuvando a la implementación de programas de manejo y desarrollo comunitario, y fungiendo como asesor técnico de la administración de la reserva. La Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán involucra a 25 comunidades agrarias pertenecientes a siete municipios en dos Estados de la República, y es un territorio donde confluyen múltiples actores e intereses, lo que exige la creación de nuevos espacios de concertación y diálogo. La gestión de un proyecto tan complejo como éste requiere de una instancia rectora interinstitucional con mecanismos administrativos eficientes y operativos. Sin embargo, uno de los aspectos más espinosos en la historia de la reserva ha sido, precisamente, la definición de su estructura administrativa. Es muy significativo que a casi ocho años de su creación, la reserva no cuente aún con un plan de manejo oficial. Esto se debe, en parte, a la reticencia de las dependencias gubernamentales para aceptar una nueva instancia de gobierno, como lo sería un "consejo directivo" de la reserva cuya creación tendría como consecuencia la disminución de la autonomía de acción de cada dependencia en la región. El crear una nueva instancia administrativa tambien implica asignar recursos frescos al programa de la reserva, mismos que no están contemplados en los programas tradicionales de cada dependencia. La actual situación empieza a mejorar con la intervención del Instituto Nacional de Ecología, que en 1994 inició su participación como órgano gubernamental encargado de crear la administración de la reserva. El INE designó a un director de la reserva, y al mismo tiempo promovió que ésta fuera considerada en el programa de financiamiento del Global Environmental Facility del Banco Mundial, con el fín de elaborar un plan de manejo e iniciar acciones emergentes de administración. Sin embargo, debido a la excesiva burocracia del programa del Banco Mundial, que a su vez se complicó por el cambio sexenal de la administración federal en el cual el INE quedó adscrito a una nueva Secretaría de Estado, el programa no se ha implementado. Existen otros problemas de fondo a superar que rebasan el ámbito de la reserva y de su administración. Programas como el de la Sierra de Manantlán, que intentan crear nuevas realidades basadas en el desarrollo local sustentable, están condenados al fracaso si no se modifica el modelo socioeconómico dominante que asume la necesidad de un crecimiento económico constante y el comercio libre. La erosión de los recursos naturales causada por su explotación intensiva y la pérdida de oportunidades productivas en el campo agudizan las condiciones de marginación y pobreza de la población rural. Estos factores se deben de abordar de manera integral a nivel nacional para lograr la conservación de la biodiversidad y el aprovechamiento sostenible de nuestros recursos.
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