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Sobre los Páramos y su Conservación

Fausto O. Sarmiento, Ph.D.
Adjunct Research Scientist, Institute of Ecology
Program Coordinator, Center for Latin American and Caribbean Studies
The University of Georgia
fsarmien@uga.cc.uga.edu
26 de Agosto, 1997


Siguiendo el interesante tema sobre la condicion climax de los ecosistemas de alta montana en el Ecuador, parece importante rescatar lo tratado en la reunion del Jardin Botanico de Nueva York (1993), en donde se sugirio el consenso de que los paramos son ecosistemas influenciados por el hombre, siguiendo lo expuesto en el libro de Balslev & Luteyn (1992). Pese a que en la lista se han presentado perfiles de varios paramos ecuatorianos, lo cierto es que cada uno de ellos difiere del otro por presentar historias de uso distintas. Claro que la flora endemica (como de los frailejones en el Angel y en los Llanganatis) nos hace sospechar de la presencia de una unidad biogeografica especifica para los paramos; sin embargo, lo que muestran los registros palinologicos en las lagunas andinas, con su constitucion de diatomeas y polen fosiles caracteristicos, es mas bien que desde la ultima glaciacion se han registrado periodos secos y humedos La interpretacion generalmente aceptada es que, por lo menos en los ultimos diez mil anios, el bosque de montana ha fluctuado tanto en composicion de especies cuanto en la linea de arboles, que en realidad en nuestros paisajes tropandinos no existe, tan evidente como el "tree-line" de los bosques boreales.

La presencia de una linea que dice donde comienza el paramo no existe. Este es un paradigma perpetuado desde la descripcion de Humboldt y los cinturones altitudinales de vegetacion, y reforzado con los estudios que asumen una adaptacion laminar de la agricultura de montana con su respectivo piso climatico. Nuevas evidencias muestran que la dinamica de montana es de arriba hacia abajo y que la presencia de comunidades asociadas a deslaves y derrumbos, por ejemplo, no responden a zonaciones horizontales sino al flujo vertical de materiales y energia. La nubosidad, por ejemplo, es el control mas evidente de esta dinamica entre las tierras bajas y las altas. No solamente las nubes cargadas de humedad suben desde el tropico sino que las condensaciones de humedad bajan por las laderas hacia los valles en los ciclos catabaticos.

Considerar al paramo como un ecosistema natural, por lo tanto, es un error. La sucesion ecologica se encuentra arrestada en los paisajes tropandinos debido precisamente a la presencia de los pastos (Sarmiento 1997), y el
paramo no es la excepcion. El hombre es un elemento muy importante del ecosistema paramuno. La manifestacion actual de este ambiente se debe precisamente al fenosistema creado por el efecto del fuego (las quemas del pajonal), del hierro (inadecuados medios de labranza con arado) y del diente (la presencia de herbivoros ramoneadores como chivos, borregos y por supuesto, vacas y caballos). Su presencia es evidente no solo en la altura sino en areas asociadas de llanura del piedemonte (Sarmiento 1994; Churchill et al 1995), por transhumancia y comercio.

En conclusion, el diseno de programas de conservacion debe tomar en cuenta estos condicionantes ecologicos y armonizar el mantenimiento de practicas agricolas o pastoriles a la vez que la recuperacion de la cubierta
vegetal boscosa que fuera caracteristica de las montanas tropicales pre-humanas. El desafio mas importante para este paisaje cultural, entonces, es la restauracion ecologica (Sarmiento In press). No podemos hablar de desarrollo sustentable y de conservacion de recursos si no se compone lo que esta danado. Las politicas de desarrollo de ambientes tropicales de montana deberan tomar atencion a las nuevas opciones de investigacion
cientifica aplicada que la ecologia de la restauracion ofrece a las comunidades naturales y culturales.

Referencias citadas:

*Balslev, H. & J. Luteyn. 1992. Paramo: an ecosystem under human
influence. Academic Press, NEw York.
*Churchill, S., H. Balslev, E. Forero & J. Luteyn. 1995. Biodiversity and
Conservation of Neotropical Montane Forests. The New York Botanical
Garden, Bronx, New York.
*Sarmiento, F.O. 1994. Human Impacts on the Upper Guayllabamba River
Basin, Ecuador, and suggested management responses. Ecological Studies,
110:284-295.
*Sarmiento, F.O. In Press. La conservacion de los paisajes tropandinos:
el desafio para la conservacion de areas fragiles en los Andes
tropicales.
En: Liberman, M. & C. Baeid (editores). Desarrollo Sustentable en
Ecosistemas Fragiles de los Andes. Asociacion Andina de Montanas. La
Paz,
Bolivia.
*Sarmiento, F.O. 1997. Landscape regenaration by seeds and successional
pathways to restore fragile tropandean slopelands. Mountain Research and
Development, 17(3):21-37.