LINEAMIENTOS DE POLÍTICA PARA EL DESARROLLO

DE MAESTRIAS EN COLOMBIA

William Ponce, Albeiro Valencia, Leonardo Acevedo, Sergio Fajardo


Introducción

El presente documento hace énfasis en el vínculo ineludible de los programas de Maestría con la investigación como proceso de generación de conocimiento, con base en los siguientes principios:

 

En la sociedad del conocimiento se actúa en consonancia con la idea de que el conocimiento es la única y verdadera riqueza que convierte en tal los recursos naturales y otras dotaciones estratégicas; sin él, otras ventajas comparativas absolutas o relativas son indefendibles y en ocasiones son motivo para que se conviertan en botín de quienes tienen conocimiento. Un programa de Maestría debe tener como finalidad formar cultura de gestión del conocimiento, entendiendo cultura como un conjunto de valores, convicciones, aspiraciones y símbolos compartidos por los integrantes de una comunidad que hacen natural en ella determinados comportamientos, tendencias y formas específicas de ser, hacer, pensar y querer, a través de la promoción del alfabetismo científico y tecnológico y de un sistema armónico de producción y aplicación del conocimiento.

 

Existencia de una comunidad académica, científica, tecnológica y de investigadores

Para que los participantes en programas de maestría puedan estar conectados con el estado del arte en su trabajo, es necesario que formen parte de una comunidad académica, científica y tecnológica de investigadores. Se han superado los esquemas en los que la investigación y sus resultados eran tarea de "genios" individuales aislados en laboratorios y se ha impuesto desde hace mucho tiempo la administración "burocrática", en el buen sentido de la palabra, integrada a organizaciones complejas que a su vez deben estar conectadas con el entorno económico y sociocultural, con grupos, laboratorios, centros e institutos de investigaciones administrados en sus diferentes aspectos y con estilos y modalidades de investigación muy sui generis.

Dentro de la comunidad académica y científica se crea la atmósfera del método científico, del rigor, del trabajo sistemático, de la confrontación con "pares" y de la evaluación de la novedad, pertinencia, calidad y relevancia de proyectos y resultados científicos y tecnológicos.

Formar comunidad académica y científica en un país o en una institución es una labor ardua y prolongada y sólo se logra cuando explícitamente se tiene como objetivo. Formar comunidad de investigación implica aceptar el desafío de crear y consolidar grupos y centros de investigación que a través de su esfuerzo alcancen solvencia y posicionamiento nacional e internacional. Los patrones y vínculos internacionales, tanto entre investigadores como entre grupos y centros, son de primordial importancia para superar ópticas locales, para tener patrones de referencia exigentes que estimulen la calidad y aseguren la competitividad y para propiciar la colaboración.

Obsérvese que se está haciendo énfasis en la comunidad académica y científica y que, sin buscarlo, se hace referencia a la universidad como la institución más representativa de dicha comunidad; de hecho en muchos espacios es la única o casi única representante de dicha comunidad.

 

Universidad autónoma comprometida con la investigación

Como componente estratégico y expresión ideal de la sociedad del conocimiento, y como hábitat propicio de la comunidad científica, tecnológica y de investigadores, la Universidad es también la atmósfera favorable de las maestrías. En una universidad así, se desarrollan en forma armónica todas las etapas del proceso de producción, gestión y aplicación del conocimiento y se impulsa la alfabetización científica y tecnológica de la comunidad.

El nombre de universidad hace referencia al compromiso con la universalidad del saber, en el tiempo, en el espacio y en el contenido. En el tiempo, porque sus conocimientos deben tener en cuenta el pasado pero deben estar al servicio del presente, construyendo la historia del futuro. En el espacio, porque la información no respeta fronteras ni tiene patria diferente a la aldea planetaria. En sus contenidos, porque el conocimiento para cumplir su función social debe ser cada vez más interdisciplinario, holístico y diverso como la naturaleza humana a la cual sirve y como los problemas a cuya solución contribuye. Está lejos de ser universidad ideal la institución que investiga y transmite sólo un campo restringido del conocimiento, llámese profesión o disciplina, línea o área porque transmite una visión recortada y estrecha del mundo natural, social y cultural.

La universidad es una creación de la sociedad para que sea un lugar de encuentro intelectual de reflexión, de creación y de crítica y para ello es indispensable la autonomía universitaria. La autonomía está en la base del cumplimiento de los fines propios de la universidad como institución transformadora, formadora de hombres libres, constructora de democracia y de cultura y como transmisora y generadora de conocimiento. Autonomía y responsabilidad son sólo dos caras del ser y del hacer sociales de la universidad.

La dimensión política de la autonomía implica relaciones equilibradas y lealtades mutuas con el Estado y con sectores económicos, políticos, sociales y comunitarios, dentro de los cuales se respeten las competencias y fluyan hacia la universidad la información sobre las demandas sociales, y de la universidad los conocimientos y las propuestas transformadoras de la vida de la sociedad. Es responsabilidad de ambos el aseguramiento de la calidad y la búsqueda de la excelencia.

 

Maestrías orientadas a la investigación y con formación filosófica

Las maestrías ideales pueden desarrollarse sólo en una sociedad del conocimiento que les exija y les de reconocimiento social. La función explícitamente encomendada a los programas de maestría y doctorados es la de formar investigadores y realizar investigación para que puedan cumplir con la misión de actuar y pensar en función de construir una sociedad del conocimiento.

Formarse como investigadores y ser capaces de adelantar investigación exige una actitud de compromiso con un estilo de vida. Se trata de dedicar la vida al conocimiento y su búsqueda sistemática, en atmósferas de comunidades que comparten tales propósitos. Como consecuencia se derivan algunos aspectos prácticos para los programas ideales de maestría:

Los miembros de un programa de maestría deben contar con una formación filosófica como requisito para:

 

Criterios de calidad de los Programas de Maestría

La calidad de las maestrías es un concepto dinámico, ligado a un contexto económico y sociocultural y enmarcado en los procesos de globalización e interdependencia planetaria; lograrla se podría denominar un propósito nacional en el que participan numerosos actores y entre ellos, con mayores responsabilidades, el Estado, las instituciones de educación superior, la comunidad académica y científica y las organizaciones profesionales.

Lo ideal es, entonces, un proceso de construcción de calidad, en primer lugar progresivo para que vaya asimilando las cambiantes circunstancias del entorno local y de patrones internacionales; en segundo lugar participativo, abierto y transparente dentro del cual se potencien las sinergias positivas y se neutralicen las tendencias negativas derivadas de intereses en conflicto, a veces no suficientemente penetrados o inspirados en los criterios de interés común; en tercer lugar proactivos y concertados entre los diferentes actores para lograr en forma conjunta mecanismos de nivelación por lo alto, mejoramiento continuo y excelencia permanente.

Las maestrías son empresas complejas de conocimiento y talento humano y como tales exigen gestión integral con todas las funciones administrativas de planeación, dirección y control. Además, dado que se trabaja, por una parte con la generación de conocimiento nuevo, cuyo valor y aplicación son en alguna medida intangibles e inciertos e impredecibles y, por otra parte con grupos y comunidades de académicos y científicos con características muy particulares, la gestión es definitivamente especializada que exige adecuados indicadores de calidad y de logro.

Utilizar indicadores adecuados de ciencia y tecnología es una tarea incompleta, sobre todo por la insuficiencia de soporte informativo coherente y confiable para las necesarias características de oportunidad, confiabilidad y comparabilidad. No obstante, se ha llegado a un buen nivel de consenso en la necesidad de tres niveles de medición: el de entrada ("input", de insumos, de gasto e inversión), el de producción científica y tecnológica ("output", de resultados) y el de impacto (repercusiones sobre el desarrollo socioeconómico y sobre la competitividad y productividad de sectores del estado y privados) .

Se han sistematizado mucho los indicadores bibliométricos (independientemente o como parte de los indicadores de resultado) y se tiende a hacer lo propio con otros indicadores de gran importancia, como los que se relacionan con la capacidad de intercambio con otros entes a escala nacional e internacional (por ejemplo de cooperación internacional en ciencia y tecnología, balanza de pagos tecnológica), los de innovación, transferencia y difusión tecnológica y los de gestión científica y tecnológica.

Relacionado con lo anterior está el cambio de modelo de relación entre ciencia y tecnología con la sociedad (reconocimiento social de instituciones y grupos académicos y científicos), pero advirtiendo que no es automática la repercusión de las actividades científicas y académicas en la calidad de vida y en el crecimiento y desarrollo comunitario y la aceptación creciente en el mundo académico de las dimensiones de valor, mercancía, comercio y clientela de y para el conocimiento.