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Comentario Estimados Paramologos De mi experiencia y conocimiento sobre fuego en ecosistemas en general, y en los páramos ecuatorianos y colombianos en particular, me dicen que definitivamente no ayuda a mejorar la diversidad y que si tiene un efecto negativo sobre el suelo, aunque este efecto es indirecto. Además, si bien el fuego ha cambiado muchos el aspecto general del páramo, que ha aumentado su extensión natural y ha convertido páramos arbustivos en páramos de puro pajonal, no creo tanto en el páramo como un ecosistema "piroclimax". Realmente estoy muy curioso de conocer más en detalle el estudio de Lucrecia, porque contradice mucho de lo que se ha publicado internacionalmente sobre fuego en pastizales, y también lo que ha sido mi propio experiencia con fuego en los páramos Colombianos. Estos estudios, hechos por mi colega Pita Verweij y por mi persona demuestran claramente que la diversidad de especies vegetales típicas bajó considerable después del fuego (desafortunadamente no incluimos información sobre fauna). Si tengo que decir que no bajó la cantidad total de especies, pero varias especies típicas del páramo se reemplazaron por especies que se pueden caracterizar como "malezas" nativas y exóticas; o sea, oportunistas, como el Rumex acetocella, Hieracium sp., Antoxanthum odoratum (Verweij y Budde. 1992. En Balslev y Luteyn. Academic Press). Otras especies típicas del páramo si sobreviven quemas y hasta se ven beneficiadas, como es la misma paja. Esto se explica porque algunas especies de páramo se encuentran bastante resistentes al fuego mientras que otras no lo resisten (Laegaard, 1992 En Balslev y Luteyn). Sin embargo, esta resistencia al fuego de algunas especies no es una adaptación al fuego sino una tolerancia. Tomemos el ejemplo de la paja. Esta gramínea tiene una forma de penacho, y así protege sus partes vitales (los meristemas) al frío y a la alta irradiación. Esta adaptación le funcionó también para resistir el fuego, y ocupar espacios de otras especies que no son resistentes, como el Polylepis. Este mecanismo de aumento de especies tolerantes -principalmente de gramíneas- y desaparición de especies no tolerantes -principalmente leñosas- ya fue publicado en 1973 por Dan Janzen para el páramo Costa Rica (Biotropica, 5(2) Otro aspecto que saqué de la ponencia de Lucrecia fue "la excesiva cantidad de biomasa senescente que deriva en impactos negativos como son: (...) la reducción de la diversidad de especies de porte bajo". Lo que aprendemos de la literatura sobre el tema, es que justamente esta gran cantidad de biomasa senescente es la que nos ayuda a mantener la diversidad de especies de porte bajo (paja alta proteja a especies bajas de alta irradiación etc. (Rundel et al .1994. Tropical alpine plant environments, plant form and function. Cambridge University Press, 1994). Esta función de protección de la paja a las especies inferiores ha sido reconocida por los campesinos en El Hato (IEDECA, en esta conferencia) que al estudiar el impacto de la quema sobre las especies forrajeras, decidieron abandonar la quema. Tampoco puedo compartir la observación de Lucrecia sobre el impacto de la quema en la productividad de la vegetación. En el páramo sobre suelo volcánico encontré que la quema no tiene ningún beneficio para la productividad de las gramíneas dado que los nutrientes que se liberan con la quema son inmediatamente inmovilizados por el suelo y no forman un fertilizante para la vegetación (lo que si pasa, por ejemplo, en la sabana africana). Es más, con quemas repetitivas se tiende a disminuir la productividad, por la falta de protección de los meristemas, porque los penachos quemados son más pequeños y fragmentados (Hofstede, et al., 1995, Arctic and Alpine research 27(1); Vegetatio 119). Sí estoy de acuerdo con Lucrecia que la disponibilidad de nutrientes en el suelo directamente después de una quema no se ve afectada. Gracias a la gran biomasa del pajonal, las llamas casi no alcanzan el suelo y no cambia su composición, ni es de esperar que tenga mucho efecto sobre la edafofauna (Ramsay y Oxley, 1996. Vegetatio 124). Sin embargo, a un plazo más largo, y más aun con quemas repetitivas, si se afecta la química y física del suelo. Después de una quema el terreno es de color negro, lo cual absorbe más rayos solares y parece beneficiar la velocidad de descomposición (Hofstede, 1995. Plant and Soil 173 (1). Observé que la cantidad de biomasa en el páramo, un año después de una quema (inclusive sin la introducción de ganado) era inferior a la cantidad directamente después de la quema. Esto se explica por la descomposición más rápida que no es compensada por una mayor productividad. El ecosistema después de un año estaba notablemente más vulnerable que directamente después de la quema, porque era más desprotegido, más seco y con menos forraje para el ganado (lo que implica una mayor necesidad de espacio por cabeza). Quiere decir que estudiar la quema durante e inmediatamente después de un evento de quema no le da toda la información necesaria. Claro es, que el efecto de la quema indiscriminada siempre tiene más impacto que la quema bien empleada, pero que los efectos de la última siguen siendo efectos negativos aunque sea de menor intensidad (Mark, 1965. NZ Journal of Botany 5). Puede ser que mis experiencias y las de otras personas son distintas de las de Lucrecia Aguirre porque son de una distinta área de estudio, sobre suelos distintos y probablemente sobre un páramo en un estado de conservación distinto. Sin embargo, se puede considerar un principio ecológico globalmente aceptado: un ecosistema de pastizal que no evolucionó con presencia de quema y pastoreo, siempre se ve afectado negativamente por el empleo de estas actividades (Huston. 1994. Biological Diversity. Cambridge University Press). El páramo es un ecosistema que en su forma natural no evolucionó con la presencia de la quema (véase después), y por esto sus procesos ecológicos y su biodiversidad son afectados negativamente por la quema. Claro que la realidad hoy en día es que muchos páramos ya no se encuentran en su forma natural, y que muchos páramos inclusive no han sido páramos originalmente. Por esto, puede ser que en el estado que se encuentran ciertos páramos, una quema bien empleada puede ser beneficiosa para la productividad agrícola. Pero enfatizo que en mi propia experiencia veo a la quema como una práctica de manejo sin beneficio ecológico y que hay que estar muy cuidadosos en su uso, inclusive en la forma más controlada. Esto me lleva a una reacción al comentario de Stuart White. Stuart hizo una reflexión muy buena sobre la relación de quema y páramo. Es verdad que mucha área de páramo está cubierta por un tipo de vegetación gracias a la quema que devoró el bosque que estaba allí originalmente. Además la quema creó un paisaje más uniforme porque hizo desaparecer muchas manchas de bosquetes, arbustos, chaparrales de páramo y lo reemplazó con pajonal. En este sentido, el fuego es un fenómeno de uniformización. Sin embargo, no creo en que solamente el superpáramo (encima de los 4100 metros) se puede considerar como páramo original y que el resto es un ecosistema de "piroclimax". Es interesante que esta hipótesis tiene más defensores en Ecuador y Perú, donde la influencia humana en los ecosistemas altoandinos han sido mucho mayor que en Venezuela y Colombia. Entre los ecólogos de los últimos dos países se considera que el páramo es un ecosistmema natural no-boscoso, desde altitudes de ca. 3700-3800 m.s.n.m. La motivación de considerar el páramo de pajonal, o el páramo propiamente dicho, como ecosistema natural y no evolucionado gracias a la quema, es su alto grado de endemismo, la dominancia de polen de gramíneas en toda el quaternario a altitudes sobre los 3000 metros, y la ausencia de señales de quema antes de la presencia de humanos en los Andes (una buena revisión de este tema se encuentra en Ramsay 1992. Tesis de PhD, Universidad de Gales). Creo que decir que solamente los páramos "discontinuos" encima de los 4100 metros son "verdaderos" y los de más abajo "secundarios" daña el prestigio de nuestro ecosistema majestuoso y además no tiene suficiente sustento científico. Sin embargo, estoy de acuerdo que la quema, como un sinnúmero de actividades humanas ha creado el páramo como lo conocemos actualmente y así podemos concluir que el páramo en muchas partes es un paisaje cultural. Probablemente la quema, la ganadería y la agricultura no ayudan a mantener la diversidad original del páramo, pero si ayudan a tener una diversidad de paisajes naturales y culturales de gran valor ecológico y económico. El desafío es de mantener esta diversidad y evitar que no se convierta todo en un paisaje cultural o (peor) paisaje degradado. Robert Hofstede, Ph.D.Coordinador General Proyecto Páramo - Proyecto EcoPar Isla Fernandina N43-41 y Tomas de Berlanga Quito - Ecuador
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