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COMENTARIO Queridos/as colegas: Es un gran placer ser parte de esta conferencia. Como coautor del artículo base de esta primera parte, me siento muy halagado y comprometido a la vez por la respuesta que está obteniendo. Con respecto a las definiciones de páramo, jalca y puna no creo que nadie realmente pueda dar definiciones definitivas, por lo menos en este momento. El quehacer diario en estas lides y la costumbre hacen que se usen estos conceptos sin ponerse a pensar mucho en ellos, y es muy bueno que personas que tal vez no están tan directamente relacionadas con el tema nos hagan caer en cuenta de que hay algo que resolver. Mi contribución en este momento es esta: en el Ecuador mismo podemos identificar, de acuerdo con una propuesta preliminar del Proyecto Páramo, diez tipos de páramo que pueden ser tan diferentes como los páramos de frailejones en el Carchi y en los Llanganates (de hecho, los dos diferentes entre sí) hasta sitios muy húmedos como los páramos de las estribaciones orientales de la cordillera oriental, pasando por los páramos semiáridos del Chimborazo y los páramos arbustivos en la provincia de Loja. En términos generales, todos son páramos porque están en el trópico, a gran altura y carecen de una cobertura boscosa extensa y continua, pero sus suelos, su vegetación y el tipo de uso humano son notablemente variados. El término páramo es, hasta cierto punto, una consecuencia histórica más que el reflejo de una realidad ecológica más allá de caractarísticas comunes muy generales. Tranquilamente podría ser que los páramos del Chimborazo se llamasen con algún nombre quichua (como puna o jalca), y los de Loja con algún otro nombre local (de hecho, se conocen como "paramillo", algo que algunas autoridades proponen como nombre técnico precisamente por las diferencias que existen entre estos sitios y los páramos más "típicos", sea lo que sea que esto significa). Si éste fuera el caso, tal vez estaríamos hablando de "ecosistemas altoandinos" o algo así, dentro de los cuales estarían los páramos (que tal vez serían los típicos pajonales y nada más), los sitios secos del Chimborazo (con su nombre propio) y los paramillos de Loja, entre otros que podrían incluir "frailejonales" y "pantanos fríos" y cosas así. El punto es que posiblemente la distinción entre páramo y jalca y puna no tiene mucho sentido si es que el páramo mismo (y supongo que igual la jalca y la puna) son, a cierta escala, en sí mismos entes bastante heterogéneos y laxamente definidos. Ahora, a una escala mayor la cosa cambia. En el ámbito regional se habla de que el páramo (definido laxamente) va desde Venezuela hasta el norte del Perú, y la pregunta que está flotando en el ambiente es por qué desde el norte del Perú ya no se habla de páramo (y jalca). Tradicionalmente se dice que el páramo es húmedo, la jalca es menos húmeda y la puna menos aún. También hay la posición de que la jalca es simplemente un nombre autóctono que, en el norte del Perú, venció a la palabra castiza que se enraizó más al norte y que, por lo tanto, páranmo y jalca son ecológicamente lo mismo. En cualquier caso, la transición de húmedo a seco entre páramo-jalca y puna coincide con una transición climática y orográfica conocida como la depresión de Huancabamba. En pocas palabras, a partir de este punto en el Perú, la cordillera cambia de dirección (de NO a NE) y se vuelve más fragmentada. Esto tiene consecuencias (documentadas para varios grupos zoológicos y botánicos) sobre la biogeogrfía, la especiación, el endemismo y la biodiversidad en general. Así, a pesar de que esta clasificación más que una realidad objetiva sea una manera de que nuestros cerebros lidien con una dievrsidad universal que se manifiesta a través de cambios graduales y continuos, esta depresión sí puede ser un elemento concreto que separa de manera más o menos abrupta los dos tipos de ecosistemas altoandinos. También está la cuestión de la creciente lejanía del ecuador y la influencia, también creciente, de la corriente fría de Humboldt. Esto hace que, por un lado, la puna sea más estacional durante el año (y no durante el día como en el páramo-jalca) y más seca. La existencia de "punas azonales" como las del Chimborazo dependen de otros factores y su parecido con as punas propiamente dichas es más bien una coincidencia paisajística que una convergencia ecológica. Por último, con respecto al
comentario de Pascal Podwojewski acerca de que la metáfora de la esponja está
técnicamente mal empleada, concuerdo plenamente con él. Creo que este fenómeno cae en
la misma categoría de la metáfora de los bosques como pulmones: son muy poderosas como
elementos gráficos y didácticos pero, como toda metáfora, un escrutinio más detenido
demuestra su imperfección. En el caso de la esponja, el principal problema de la
metáfora es que, si bien está claro que los suelos tienen una gran capacidad de absorber
y retener agua, esto llevará a pensar que, al igual que una esponja en buen estado,
también tienen la capacidad de perder esa agua al compactarse y, lo que es crucial, recuperar
su estructura original y seguir funcionando como tales. Ojalá fuera así: los suelos
de los páramos compactados y secos ya no son ni serán los mismos. Es una esponja de un
solo uso, si insisten.
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