
La región andina de América del Sur está sufriendo una amplia gama de cambios sociales y del entorno físico y ambiental, que van desde el crecimiento explosivo de algunas ciudades a la constante expansión de la actividad industrial y los cambios en los patrones climáticos. A medida que los suministros de agua se vuelven más inciertos y el debate sobre cómo debe ser gestionado este recurso se polariza, los usuarios locales y las instituciones vinculadas tratan de diseñar un camino de salida. En el marco del III Foro Mundial del Agua, realizado en Kyoto en marzo del año 2003, diversas organizaciones sociales y civiles de América plantearon -en este foro y en otros dos desarrollados paralelamente en Nueva York y en Sao Paulo- que el agua debe mantenerse como patrimonio omún y como bien público porque una amplia experiencia demuestra la frecuente aceptación y eficacia de la provisión y gestión del agua por medios públicos y/o comunales. Esta visión social del agua comprende un sistema de principios, valores, instrumentos y acciones fundados en las particularidades culturales y la gestión de las comunidades indígenas, campesinas y las colectividades urbanas que administran servicios de agua potable solidarios; así como en el pensamiento de instituciones académicas, organizaciones no gubernamentales y otras organizaciones que promueven el derecho social al agua.